Cautiva Joaquín Sabina a expectadores regios

Lisonjero y cautivador, como un donjuán que ya no tiene nada que perder pero sabe bien cómo ganar, Joaquín Sabina se entregó la noche del viernes a un público ávido de celebrar con él los 15 años de su disco “19 días y 500 noches”.

Los 9 mil asistentes a la Arena Monterrey fueron seducidos esta vez no sólo por las canciones sino también por los relatos del andaluz de 66 años,  quien sin pudor reveló que su disco es tan bueno como el de “Banda del club de corazones solitarios del sargento Pimienta” de los Beatles… claro, luego de siete tequilas.

En esta celebración, bautizada como “500 noches para una crisis”, el de Jaén hizo un recuento de sus canciones más biográficas y durante tres horas cantó y contó.

Cantó para abrir boca sus ya clásicas  “Ahora que”, “19 días y 500 noches”, “Barbi Superestar” “La Magdalena”, “A mis 40 y 10” y “Donde habita el olvido”.

Contó que a raíz de su ictus (derrame cerebral) sufrido a sus “primeros cuarenta y diez”, se vio obligado a abandonar a sus amigos rocanroleros y drogadictos por nuevos amigos poetas… que resultaron ser unos borrachos.

Joaquín se vio de buen humor, tocó la guitarra y hasta se animó a contonear su delgada figura enfundada en traje azul con su ya característico bombín.

Luego obsequió “Viridiana”, tema que no solía incluir en su repertorio, y cumplió el capricho que guardaba desde hace 40 años, cuando conoció a Bob Dylan, al entonar “Ese no soy yo”, versión libre de “It ain´t me, babe”, del cantautor de Minessota.

Esta vez, como escenario el cantautor español eligió unas cortinas rojas que asemejaban un cine de antaño, y sobre ellas se proyectaron dibujos que realizó durante los dos años posteriores a su accidente cerebrovascular “porque al no tomar la guitarra tenía que ocupar las manos en algo que no fuera la noble práctica de la masturbación”.

Luego de una primera parte acústica, Sabina pasó a una más rítmica con “Rubia platino”, donde se hizo acompañar del guitarrista Jaime Asúa, mientras que con Panchito Varona compartió “Conductores suicidas” y con la corista Mara Barros “Noches perdidas”.

Aprovechó los acordes de “Más de cien mentiras” para presentar a sus músicos, a quienes les compuso ingeniosos y halagadores versos que los aludidos celebraron con un solo de sus instrumentos, donde se lució el guitarrista Antonio García de Diego.

También reveló que fueron ellos quienes “a guantazos” lo sacaron de la cama cuando sufrió algo que él juraba que le pasaba a los otros pero nunca a él: una depresión.

“Sin embargo”, “Por el bulevar de los sueños rotos”, “Tan joven y tan viejo” y “Princesa” marcaron la recta final del concierto, que luego de dos amagos finalmente terminó con “Pastillas para no soñar” y un fragmento de “La canción de los buenos borrachos”.

 

Con información e imágenes de ABC Noticias.

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