Sequía

Baja nivel de presas en NL ante sequía

En los últimos meses los niveles de agua en las tres principales presas de la entidad: El Cuchillo, La Boca y Cerro Prieto registran un retroceso de un 20% en sus llenados, que aunque aún representan niveles satisfactorios, evidencian una tendencia de vaciado que crece en este 2016.

Ejemplo de esta situación es la Presa de la Boca, en Santiago, la cual se encuentra al 70% de su capacidad, pese a que hace un año tenía 90% y Cerro Prieto superaba el 110% de su capacidad.
Tan sólo en un mes, entre enero y febrero de este año, La Boca bajó su nivel un 7%.
Las autoridades ya han visualizado la tendencia de vaciado, que crece vertiginosamente, por lo que esto representa uno de los factores con los que el estado ha solicitado la declaratoria de emergencia para 28 municipios.
Adrián de la Garza, presidente de la Unión ganadera del Estado, explicó que actualmente las represas de quienes se dedican a la crianza y venta de ganado bovino, se encuentran por debajo de su capacidad debido a que en la pasada temporada de lluvias no hubo tormentas y lluvias significativas y en invierno también la lluvia fue escasa.
Reveló que ante esto habrá productores que requerirán más agua, por lo que los niveles de las presas seguirán a la baja. Además, dijo que urgen camiones cisterna en zonas alejadas y otros apoyos para superar la sequía.
“La ventaja es que aún hay agua, pero sí hay que ir pensando en medidas preventivas para tener recursos extraordinarios, tanto para ganaderos como agrícolas. El tema sobre todo es de apoyo en tecnología, y a lo mejor algo de infraestructura para movimiento de agua; pipas, remolques, tinacos. Sí hay una preocupación porque las precipitaciones no fueron normales en septiembre y agosto”, explicó.
A pesar de la crisis, señaló que esto no afectará los precios de los productos, pues se fijan internacionalmente.
Con información e imágenes de El Horizonte

Puerto Rico se queda sin dinero… y sin agua

Puerto Rico no tiene suficiente dinero para pagar sus cuentas. El lunes incurrió en impago o default por primera vez en su historia. Además, se está quedando sin agua.

La sequía ha obligado al Gobierno de la isla a racionar el líquido. La situación es tan grave que el Gobierno está aplicando cortes de agua en las viviendas, a veces duran días. Las principales zonas turísticas, sin embargo, están exentas por el momento.

Es fácil atribuir el problema al clima caliente y seco, pero los puertorriqueños dicen que no es el único culpable. Ellos creen que el Gobierno ha gestionado mal los recursos hídricos y las tuberías de la isla durante años.

La casa de Juan Camacho tendrá agua corriente por un día y luego se le cortará por los siguientes dos días. Él vive en Trujillo Alto, una ciudad que se encuentra a sólo 21 kilómetros del centro de San Juan, la capital.

Cuando el agua vuelve, muchos puertorriqueños como Camacho dejan los grifos abiertos durante horas, llenando cubetas y recipientes con agua.

Las temperaturas en Trujillo Alto alcanzaron los 32 grados centígrados el lunes.

Camacho, un activista social, dice que el Gobierno ha descuidado la reserva local en su área, que ahora está contaminada, por lo que el agua no es potable.

“Tenemos un gran problema de sequía”, dice Camacho, de 68 años. “Estamos ahorrando agua – no sólo para beber – para el baño y otras cosas fundamentales”.

Ésta no es la primera vez que Puerto Rico sufre escasez de agua.

En 1994, la isla pasó por una crisis similar. En aquel tiempo los puertorriqueños almacenaban agua como lo hacen ahora. Los cubos de agua a la intemperie en un clima tropical cálido criaron mosquitos, lo que provocó un brote de dengue.

Maritza Stanchich lo recuerda bien. Se contagió de dengue en 1994, fue una de las peores experiencias de su vida. Y el racionamiento del agua que ha impuesto el Gobierno hoy hace que tema que pueda darse otra epidemia.

Stanchich, profesora de la Universidad de Puerto Rico, no se ve afectada por los racionamientos de agua porque su barrio en San Juan está en un lugar turístico. Sin embargo, ayuda a amigos afectados por los recortes del suministro. “Vienen a bañarse a casa,” dice.

Es otro problema importante en un verano de tristes noticias para Puerto Rico. Si le sumamos el impago, una economía fuera de control y la preocupación de que el Congreso estadounidense reduzca los fondos de Medicare en la isla, es fácil entender por qué los puertorriqueños están migrando en un éxodo masivo.

“Esta es una tormenta perfecta en el peor sentido de la palabra”, dice Stanchich.

 

 

Con información e imágenes de CNN Expansión. 

California aprueba reducción de agua voluntaria en agricultores

Las autoridades de California aceptaron una histórica oferta de agricultores del estado para reducir voluntariamente el 25% de su consumo de agua para evitar restricciones obligatorias a causa de la sequía.

Los miembros de la Junta de Control de Recursos Hidráulicos hicieron el anuncio el viernes sobre la medida que contempla a productores del delta de los ríos Sacramento y San Joaquín, quienes tienen los derechos sobre uso de agua más firmes de California.

Los cientos de agricultores hicieron la oferta después que funcionarios estatales advirtieron que era cuestión de días para que ordenaran algunas de las primeras restricciones en más de 30 años a los tenedores de derechos de agua más antiguos.

La ley de aguas de California está construida sobre el concepto de preservar los derechos de esos tenedores. La amenaza de recortes es una señal de las graves repercusiones que ha tenido la sequía.

El estado ya ha ordenado una conservación de 25% de agua a ciudades.

 

Con información e imágenes de Noticieros Televisa.

Puerto Rico suspende uso de fuentes para racionar el agua

La capital puertorriqueña de San Juan ha apagado sus fuentes, como parte de un plan de acción más amplio que podría incluir un racionamiento de agua debido a la falta de lluvia sobre la isla caribeña en las pasadas semanas.

Según explicó la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, en un comunicado, el plan incluirá la reducción en el lavado de plazas y calles en los principales centros urbanos de la ciudad, así como de las instalaciones recreativas y deportivas.

La limpieza de plazas y calles, especialmente en el área turística del Viejo San Juan y el sector urbano de Río Piedras, se llevará a cabo de noche en días alternos y no a diario, como se hacía hasta ahora.

Adeamás, las fuentes de algunas de las plazas más turísticas de la capital puertorriqueña, entre ellas la Plaza de Armas -donde está la Alcaldía- y la Plaza del Quinto Centenario, ambas en el Viejo San Juan, han sido apagadas y varios camiones las limpiarán para evitar la formación de criaderos de mosquitos.

Explicó, no obstante, que la eliminación total de la limpieza con agua no es recomendable, pues causaría un problema de salud pública, específicamente en el Viejo San Juan, debido al gran volumen de turistas durante la época de verano.

“Tratar de que esta cantidad de personas circulen por nuestra ciudad sin que tengamos un programa de limpieza con agua, aunque sea reducido, no es lo que conviene”.

El posible racionamiento de agua en la capital puertorriqueña -donde ya varios barrios han sufrido largos cortes durante los últimos días- se debe a que la represa Carraízo, principal suministrador de agua potable de San Juan y sus municipios aledaños de Carolina y Trujillo Alto, está a sólo un metro de pasar al nivel de control, debido a la falta de lluvias.

La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) ya ha anticipado que habrá que poner en marcha un plan de racionamiento, debido a los niveles críticos que presenta este embalse, que bajó 11 centímetros en un periodo de 24 horas.

El informe diario establece que el embalse llegará a nivel de control en sólo un metro. Esto lo ubicaría a 7,5 metros de alcanzar la alerta roja que llevaría a la AAA a sacar de servicio el importante embalse.

La portavoz de prensa de la AAA, Norma Muñoz, indicó que todavía no hay una fecha para comenzar con el plan de racionamiento, que en principio será de 24 horas. Esa fecha se anunciará la próxima semana si para entonces no hay lluvias en la cuenca del embalse.

 

Con información e imágenes de Noticieros Televisa.

Greedy Environment Steals California’s Water

There’s this thing called “the environment,” and it’s using up as much as half of California’s scarce water. Pretty greedy, huh?

This is one way to interpret the California Department of Water Resources’ data on how water is used in the state. Here’s the breakdown on average water use from 2001 through 2010:

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Add together the four environmental categories and you get 47 percent — more in some years. People in California agricultural circles like these numbers a lot better than the 80 percent agriculture, 20 percent urban water-use breakdown usually cited in the media.  But what exactly does it mean that “the environment” uses 50 percent of California’s water?

Writing in the National Review a couple of weeks ago, Devin Nunes, a U.S. representative from the Central Valley farm town of Tulare, put it like this:

Farmers do not use 80 percent of California’s water. In reality, 50 percent of the water that is captured by the state’s dams, reservoirs, aqueducts, and other infrastructure is diverted for environmental causes. Farmers, in fact, use 40 percent of the water supply.

That second sentence is incorrect, unless you count free-flowing rivers as part of that state “infrastructure.” The denominator here is all the water used by California’s residents, businesses and farms (of which agriculture takes about 80 percent and municipal and industrial users about 20 percent), plus all other water flows upon which the state has identified some sort of legal claim, mostly for purposes of environmental protection. It’s not that the water is “diverted for environmental causes.” It’s that it is not diverted to farms and cities, largely for environmental reasons.

Still, water is water, and it is indisputable that if hadn’t been for the rise of environmental movement in the 1970s, more of it probably would be flowing to the state’s farms and cities instead of out to sea. From the 1850s through the 1970s, California drained its swamps, dammed its rivers and built long aqueducts and pipelines to move water from where it was abundant  to where it was not. Since the controversial completion of the New Melones Dam on the Stanislaus River in 1978, though, this great California water development machine has mostly ground to a halt, and in some cases even gone into reverse. As a result there are those, such as Republican presidential candidate Carly Fiorina, who blame the state’s water shortages on “overzealous liberal environmentalists who continue to devalue the lives and livelihoods of California residents in pursuit of their own agenda.”

In the face of such rhetoric, it’s worth taking inventory of where all the environmental water really is going, and what would be involved in wresting it away for the benefit of Central Valley farmers and Orange County lawn-waterers. As you can see from the above chart, by far the biggest environmental use of water is for Wild & Scenic Rivers — rivers, streams or segments thereof that have been designated by the state, the federal government or both as too nice to dam. Dig a little deeper into the 2013 California Water Plan Update, and you find that 93 percent of this water use transpires along California’s very wet northern coast, which is separated from the Central Valley and its water infrastructure by mountain ranges that get higher and more rugged as you head north.

The three biggest rivers that flow into the Pacific along the northern coast are the Klamath, the Eel and the Smith. In the 1950s and 1960s there were tentative plans to dam all three and send the water south. A major Klamath tributary, the Trinity River, was in fact dammed in 1962 and much of its water diverted into the federal Central Valley Project.

The Eel River also came close to being dammed after a devastating flood in 1964. But Ronald Reagan, who became governor in 1967, refused to give the go-ahead. The location envisioned for the dam, while pretty good for water-supply purposes, would have been little help against floods, and it was hard to square the costs of the projects with the likely benefits. What’s more, the dam would have flooded an Indian reservation. “We’ve broken enough treaties with the Indians already,” Reagan reportedly said at the time. In 1973, after California passed its Wild & Scenic Rivers law, Reagan added the Eel to the list.

Reagan’s successor as governor, Jerry Brown, made increasing commitments to protect northern California rivers in his attempt to muster support for the Peripheral Canal (more on that in a moment). As part of this campaign, he asked Interior Secretary Cecil Andrus to designate the Eel, the Klamath and the Smith as federal Wild & Scenic Rivers — meaning it would take an act of Congress to dam them. Andrus complied just before leaving office in 1981.

So … three substantial California rivers have been declared effectively off limits for reasons both economic and environmental. I don’t think anybody, including Nunes or Fiorina, is seriously campaigning to dam them. I didn’t hear a single Central Valley farmer bring this up during my visit last week.

That leaves another 16.9 percent of the state’s water to look at. Managed wetlands are just 1.4 percent, most of it along the formerly very swampy Sacramento and San Joaquin rivers and their tributaries in the Central Valley, and they don’t seem to be wildly controversial — some are actually managed by farmers. As for the more substantial instream-flow requirements (5.8 percent) for energy production, drinking water quality and fish protection, almost half of those are in north coast rivers and thus aren’t accessible to Central Valley and Southern California water users. The requirements are also contingent on how much water there is, and tend to drop sharply in drought years. This is definitely something that Central Valley farmers complain about, but I have not seen evidence that it’s been a huge drain on water resources during the drought.

It is the “required delta outflow,” which accounted for 9.7 percent of the state’s water from 2001 through 2010, that is the great source of controversy. The Sacramento-San Joaquin Delta is where the Central Valley’s two big rivers meet before flowing into the San Francisco Bay;  water from northern California reservoirs also has to pass through it to get to farmers and cities to the south. Here’s the state Water Resources Control Board’s tally of the uses for the 6 million acre-feet of water that flowed out of the delta in the 2014 water year:

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The “hydraulic barrier” is fresh water flows devoted to keeping salt water from the San Francisco Bay out of the delta. Before the federal Central Valley Project started storing water behind Shasta Dam in 1944 for release during the summer, salt water intruded deep into the delta once every few summers. Using water stored in federal reservoirs to prevent that from happening was a major selling point of Central Valley Project for delta farmers. It is also essential to keeping salt water from infiltrating the pumps that send water south from the delta. So it’s a little hard to see that as water being “diverted for environmental causes.”

It’s a different story with the “additional theoretical exports,” 747,000 acre-feet of water in 2014 that could have been pumped from the delta without risking salt-water incursion but wasn’t pumped mainly because of federal biologists’ concerns about what this would do to fish, endangered delta smelt in particular. The big lost opportunities come when a rainstorm floods the delta with fresh water — and even in a drought, this still happens a few of times every winter. You can get a better picture of it from this chart:

delta graph
CALIFORNIA WATER RESOURCES CONTROL BOARD

Farmers south of the delta find this enormously frustrating. The water’s there in the delta, but it can’t be pumped south because of concerns about an endangered fish that may well be doomed for reasons having little to do with the pumps. The Peripheral Canal was meant in part as a way around this. It was to skirt the delta on the east, delivering water from the Sacramento River north of the delta to the pumps at the south end of the delta, making it much less likely that those pumps would suck in either smelts or salt water.

People in the delta and the bay area were concerned that bypassing the delta would reduce the state’s interest in keeping it healthy and increase the capacity for shipping water south, so in the late 1970s and early 1980s Brown added lots of environmental commitments to the project. These turned out not to be enough to convince northern California voters, but too much for some big farmers in the southern part of the Central Valley who ended up opposing the project as well.

Now Brown is pushing for two giant tunnels to do the same job as the Peripheral Canal. State water officials have also been contemplating an off-stream reservoir northwest of Sacramento that would take in Sacramento River water when it’s abundant and pump it back out when it’s not. These projects could conceivably ease current water shortages. As best I can tell, what we’re talking about is a difference of maybe a million acre-feet of water in a drought year. That is nothing to sneeze at — a million acre-feet of water would be enough to quench almost 350,000 of California’s 9 million acres of irrigated farmland. About 428,000 acres were taken out of production last year because of the drought. On the other hand, adding water supplies often just creates new demand — and increased scrutiny of water projects in California over the past few decades has actually led to big improvements in both agricultural and urban water-use efficiency. Yes, “the environment” is taking more of California’s water than it used to, and that’s worth discussing. But it isn’t exactly the water hog it is sometimes made out to be.

 

Con información e imágenes de Bloomberg View y de The Governance & Accountability Institute.

California impone restricciones al uso del agua

Reguladores de California adoptaron amplias restricciones sin precedentes sobre la forma en que la gente y las empresas pueden usar el agua debido a la intensa sequía que padece el estado.

La Junta de Control de los Recursos Estatales de Agua aprobó normas el martes que obligan a las ciudades a limitar el riego en propiedades públicas y alientan a los propietarios de viviendas a permitir que su césped se seque.

Los objetivos del ahorro obligatorio de agua están dirigidos a cientos de agencias locales de manejo del líquido y ciudades, aunque no está claro qué tipo de castigo enfrentarán los que no ahorren lo suficiente.

El gobernador Jerry Brown ha propuesto multas de hasta 10 mil dólares para los que se comporten peor, pero el plan requiere aprobación legislativa.

 

Con información e imágenes de ABC Noticias.