Una introducción al vino

Disfrutar el vino es sencillo: sabe bien, ofrece gran variedad de sabores y reúne a la gente. Cualquiera puede disfrutar del vino sin importar si sabe de éstos o de su proceso de fabricación. Sin embargo, conocer de vinos no es algo tan complicado como las personas suelen creer.

El área de los vinos es muy extensa y, a veces, compleja y aunque no es necesario saber de vinos para poder beberlos, el conocimiento y la familiarización con ciertos aspectos puede hacer que se disfrute más.

Los vinos se pueden clasificar, además de su color, en tres categorías: de mesa (table), de postre (dessert) y espumoso (sparkling), aunque también pueden variar por su contenido de alcohol y carbonatación.

En cuestión de color, los vinos se dividen en tintos, que son todos los colores rojo, púrpura, rojo rubí, etc., y en blancos que, por el contrario, son los que no son de color rojo; los amarillos, dorados y pálidos como el agua pertenecen a la familia de los blancos. También están los vinos rosados.

Los vinos tintos son elaborados a base de uvas rojas y varían mucho en estilo, dependiendo en mayor parte de los enólogos (los que hacen el vino).

Los blancos, en cambio, están hechos con uvas blancas o tintas de pulpa no coloreada. Aunque no es frecuente añejar este tipo de vino, existen los blancos con crianza.

Existen también los vinos rosados que son elaborados a partir de la mezcla adecuada de caldos de vinos tintos con blancos. Se les llama “blush” o vinos sonrojados.

La elección entre un vino blanco, tinto o rosa dependerá de la temporada, la ocasión, la comida y el sabor, así como también del gusto personal.

¿Qué otros tipos de vino hay?

Los vinos también pueden clasificarse por su edad.

Existen los vinos jóvenes, que son los que se embotellan inmediatamente después de hacerse o que pasan menos de seis meses de envejecimiento en barrica(recipientes de madera utilizados para la crianza de vino). Éste se caracteriza por ser un vino suave y fácil de beber.

Los de crianza son los vinos que tienen menos de dos años de edad y un tiempo de al menos seis meses en barrica.

Los vinos de reserva son aquellos con tres años de envejecimiento, de los cuales uno es en barrica, por lo que son más fuertes, con más cuerpo y un sabor más intenso que los jóvenes. Generalmente llevan la leyenda “RESERVA, GRAN RESERVA y/o PREMIUM” escrita en la etiqueta, dependiendo del tiempo que han pasado en la barrica. Si el proceso de maduración del vino es muy prolongado, será más caro en el mercado.

Los de gran reserva son los vinos que tienen cinco años, con al menos 18 meses en barrica.

Además, se pueden clasificar por la cantidad de tipos de uvas, por la presión de los gases disueltos, cantidad de azúcar y por su denominación.

Entre los vinos más reconocidos que se pueden conseguir se encuentran el Merlot, Cabernet sauvignon, Zinfandel y Syrah.

¿Cómo se cata un vino?

Aunque el indicador principal para saber si a las personas les gusta algo es su paladar, hay tres pasos para conocer las características de un buen vino.

1- Mirarlo contra un fondo blanco. Esto ayudará a observar el color y brillo del vino. Tiene que estar limpio y que no haya nada en él. Entre más anaranjado esté el vino significa que es más viejo y, por el contrario, si es brillante es un vino joven.

2- Aroma. Cada vino tiene su propio aroma, por lo que no debe desagradar al sentido del olfato al momento de acercar la copa a la nariz.

3 – Gusto. La degustación del vino es primordial para tomar la decisión final. Se recomienda tomar un buen sorbo de vino para paladearlo y percibir su sabor.

 

Con información e imágenes de ABC Noticias.

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